La Realidad de los Hambrientos

Muchas personas a lo largo de la historia y el globo, y en este caso la crisis española, se suman a un largo número de hambruna, falta de techo, recursos, etc.

A menudo no cuentan su historia, porque siempre hay quien se aproveche de la misma con una intención final. El ejemplo más claro lo tenemos dentro de la política, cuando se cuentan estas historias en un claro proyecto de cambiar España, sin embargo estas personas continúan abandonadas a su suerte, pasando hambre, sin techo, con historias realmente desgarradoras en las que la falta de ayudas es un continuo día a día.

En las elecciones muchos lloraban al ver los resultados. No en este caso porque ganara uno u otro, sino porque la gente continúa dormida ante esta problemática.

Es triste ver cómo pocas personas como Andrew Funk se han hecho conscientes de este abandono a la clase baja y se han lanzado a poner su grano de arena en un intento de solventarlo en la medida de sus capacidades.

La realidad de todos los que saben qué es pasar hambre hoy en día, es que son conscientes de que hay otras maneras de sistema con los que ni siquiera tendríamos estas necesidades básicas, como por ejemplo un sistema basado en recursos que muchos han descrito –Jacques Fresco, el proyecto Venus, el planeta libre y una larga lista-. Entonces llega la eterna pregunta: ¿si pasamos hambre cuando es un mal evitable qué está fallando?

Falla una política basada en capitalismo, en el que sin dinero no comes, en el que las ayudas son escasas y muchas veces incluso vendidas a un pobre sin recurso alguno. Un sistema en el que te obligan a pedir limosna en la calle para poder financiar estas ayudas. Un sistema en el que pedir en la calle o trabajar en la calle –músicos callejeros, por ejemplo- está prohibido y con condenas de multas que, evidentemente, tampoco podrán costear. Un sistema en el que recoger basura para comer o muebles de la basura también está penalizado por la ley con multas que evidentemente, tampoco se podrán costear.

La desesperación aumenta día a día, la ansiedad, el cansancio producido por mal nutrirse, multiplican problemas en la salud como desmayos, problemas de huesos, problemas cardíacos, problemas respiratorios, problemas psicológicos, etc. a los que evidentemente tampoco podrán dar respuesta por falta de economía para financiar medicamentos.

Y es un gran problema en la sociedad actual, cuando las cifras de Cáritas nos dicen que muere un sin techo cada seis días por todo esto, cuando existen suicidios, cuando mueren personas de hambre en sus casas sin ver una solución ética a sus vidas, incluso enfermos como Mario, el enfermo no rentable de la sociedad española, que tuvo que pedir a gritos ayuda para que le trataran la hepatitis C. Lo que me asombra ya de sobremanera es que se le pida a Cáritas que no hable de los conteos de estas problemáticas, desde el gobierno.

No doy crédito cuando dicen que no publiquemos los números oficiales de muertes, a razón aproximada de uno al día teniendo todo lo anterior en cuenta, y después utilicen números de paro para concienciar a la gente de votar a uno u otro partido.

No entiendo tampoco que veamos un alto porcentaje de personas que han dejado de votar y sean silenciadas, contando sus votos para el partido más votado. No votan porque no creen en los valores preestablecidos, pensemos en el altísimo porcentaje que ha día de hoy no va a las urnas, preguntemos por qué no votan. No se les tiene en cuenta, como a toda esta microsociedad que describía antes.

Cabe añadir también la preocupación de la clase media, en la cual muchos vecinos se están viendo empujados a este problema, y el caos que produce en sus cabezas, que ya incluso se acercan a preguntar cómo se sobrevive, o qué justicia social les prepara el destino ante haber cerrado los ojos durante tanto tiempo.

Es un gran problema que en esta sociedad todo esto sea reducido a números, incluso que se utilicen historias personales de un intento de desahogarse como medio de politizar y ganar votos uno u otro partido, sin ver respuestas de ninguno realmente.

Gritos de auxilio ahogados en un sistema mal estructurado y jerarquizado en el que los propios expertos historiadores hablan en petit comité de cómo la política actual es peor que la de hace 500 años.

Esta subsistencia que pasa desapercibida, con falta de respuestas, que ha ahogado literalmente esperanzas de muchos sin voz, que piensa profundamente en una pérdida de humanidad, si es que en algún momento existió realmente cuando miras de fronteras para afuera y ves casos como los de África que nuestros ojos ya se han acostumbrado y lo ven como algo normal.

Un modo de vivir que lleva el sello de violencia cuando escuchas todas sus historias, con la impotencia de no poder hacer mucho más por ayudarlos, salvo resumir brevemente en estas líneas aquellas palabras que dijeron entre conversaciones tildadas de “locas” actualmente.

Quizá necesitemos memoria histórica como dicen unos, reflexión como dicen otros, o conciencia con mirada limpia como han descrito muchos. Está claro que algo necesitamos para ver todo esto, aunque quizá la clave esté en querer verlo.

 

Susana Nérida Suárez

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